
Todos necesitamos el apoyo de los demás para sentirnos bien, superar momentos difíciles y recuperarnos del estrés. Sin embargo, pocas veces nos enseñan a brindar ese apoyo de una manera verdaderamente útil.
Ofrecer apoyo emocional significa acompañar a una persona, reconocer lo que siente y hacerle saber que puede contar contigo, sin minimizar su dolor ni presionarla para que se sienta mejor de inmediato.
A continuación, te explico qué conviene evitar cuando intentas apoyar a un ser querido que atraviesa una situación complicada y qué palabras o gestos pueden ayudarle a afrontar sus problemas.
Por qué tendemos a desvalorizar los sentimientos de los demás
A veces restamos importancia a las emociones ajenas sin darnos cuenta. Esto puede deberse a la educación que recibimos, a nuestra propia ansiedad o a la dificultad para conectar con lo que siente la otra persona.
Motivo #1: La educación que recibimos
A los niños rara vez se les enseña cómo mostrar apoyo y comprensión. Muchas veces aprendemos a ignorar nuestras emociones y las de los demás mediante frases como: «¿Por qué lloras? Tranquilo, todo está bien».
A medida que crecemos, interiorizamos estos mensajes y olvidamos que incluso un acontecimiento estresante que nos parece pequeño puede causar un dolor real a otra persona. La intensidad de una emoción no depende de cómo juzguemos la situación desde fuera, sino de cómo la está viviendo quien la atraviesa.
Motivo #2: La ansiedad
La ansiedad puede hacer que una persona viva determinadas situaciones con mayor intensidad y sienta que no es capaz de manejar, además de sus propias emociones, los sentimientos y problemas de los demás. De manera inconsciente —y a veces consciente—, puede levantar una barrera frente a las emociones intensas y utilizar frases como:
- «Tranquilo».
- «No es para tanto».
- «Deja de llorar, no sirve de nada».
¿Por qué ocurre esto? Porque los acontecimientos negativos en la vida de otra persona pueden activar escenarios similares en la mente de alguien con ansiedad, que se imagina a sí mismo en el lugar de quien está sufriendo.
Por ejemplo, saber que alguien está enfermo puede hacer que esa persona se imagine padeciendo la misma enfermedad y anticipe consecuencias catastróficas. Al no querer enfrentarse a ese miedo, puede minimizar el problema ajeno como mecanismo de defensa.
Motivo #3: Falta de empatía
La empatía es la capacidad de comprender lo que siente otra persona. No todo el mundo desarrolla esta habilidad de la misma manera; algunas personas incluso tienen dificultades para reconocer sus propios sentimientos. Por eso, pueden no saber qué decir ni cómo reaccionar ante una situación difícil.
En la mayoría de los casos, quien desvaloriza los sentimientos de los demás no lo hace con mala intención. Generalmente, esta reacción surge de la falta de conocimiento, de hábitos arraigados o de la propia ansiedad. Sin embargo, si alguien minimiza tu dolor de manera intencionada y constante, adopta un comportamiento tóxico y lo más conveniente es mantener la distancia.
Qué evitar decir cuando ofreces apoyo emocional
Cuando intentamos consolar a alguien, solemos recurrir a frases como: «No llores, todo está bien». Aunque estas palabras no sean dañinas por sí mismas, pueden molestar o herir a una persona que siente que las cosas no están bien en absoluto. Incluso podrías recibir una respuesta como: «Quizá para ti esté bien, pero para mí no».
¿Qué frases pueden hacer que alguien se sienta incomprendido? Conviene evitar expresiones que comparen su experiencia, le exijan dejar de sentir o presenten una solución rápida para un problema complejo:
- «No te preocupes, todo se arreglará».
- «A todos les pasa, no es para tanto; hay gente que está peor».
- «A mí me fue peor, pero lo superé».
- «Sé fuerte, deja de llorar».
- «Vamos, supéralo».
- «No te quejes, mejor piensa en otra cosa».
- «Mantén una actitud positiva, ya verás que todo mejorará».
- «Deja de lamentarte, mejor salgamos a distraernos».
Estas frases suelen minimizar o restar importancia a los sentimientos de la persona, y eso no ayuda. De hecho, pueden hacer que empiece a culparse por «ser débil», sobre todo si cree que los demás parecen sobrellevar mejor situaciones parecidas.
Este tipo de autocrítica no hace más que empeorar el malestar. Lo que a ti puede parecerte insignificante puede resultar abrumador para otra persona. Por eso, cuando quieras brindar comprensión y apoyo, es importante elegir bien tus palabras.
Cómo ofrecer apoyo de manera efectiva: consejos de un psicólogo
Si realmente quieres ayudar a alguien a sentirse acompañado, hay tres pasos fundamentales: hacerle sentir tu presencia, reconocer sus emociones y ofrecer ayuda sin imponerla.
1. Hazle sentir tu presencia
Si puedes, acompaña a esa persona físicamente. Si no es posible, mantente en contacto por teléfono o mediante mensajes. Lo importante es que perciba que estás disponible y que no tiene que afrontar ese momento en soledad.
Si estás a su lado, puedes tomarle la mano o darle un abrazo, siempre que se sienta cómoda con ese contacto. También puedes tener pequeños gestos de cariño, como prepararle una infusión o cubrirla con una manta para que se sienta más protegida y reconfortada.
Estar presente no siempre significa hablar o encontrar una solución. A veces, acompañar en silencio también es una forma valiosa de apoyo emocional.
2. Reconoce sus sentimientos
Si la persona te ha contado lo que le preocupa, puedes comenzar diciendo: «Gracias por confiar en mí». Reconocer o validar sus sentimientos consiste en aceptar que su experiencia emocional es real, sin juzgarla ni intentar corregirla de inmediato.
Puedes utilizar frases como estas para mostrar empatía y comprensión sin minimizar lo que está viviendo:
- «Lamento que estés pasando por esto».
- «Estoy aquí contigo».
- «No puedo imaginar lo que estás sintiendo ahora».
- «No sé cómo logras manejarlo».
- «Veo lo difícil que está siendo para ti».
- «Siento mucho que te esté pasando esto».
- «Veo que te sientes con miedo, triste o angustiado».
Estas expresiones no eliminan el problema, pero permiten que la persona se sienta escuchada y comprendida. Validar una emoción no significa juzgar si la reacción es correcta o incorrecta, sino reconocer cómo se siente la persona en ese momento.
3. Ofrece tu ayuda
Si quieres ayudar y está dentro de tus posibilidades, pregúntale directamente: «¿Cómo puedo ayudarte?» o «¿Qué más puedo hacer por ti?». Hazle saber que estarás disponible para lo que necesite. También puedes proponerle buscar una solución juntos:
- «Busquemos una salida juntos».
- «Hablemos, estoy aquí para escucharte».
Ofrece ayuda, pero no la impongas. Sé cuidadoso y no insistas si la persona la rechaza. A veces, lo que más necesita alguien en una situación difícil no es una acción concreta, sino saber que puede contar contigo cuando lo necesite.
Recordarle que no está solo puede marcar una gran diferencia. En definitiva, apoyar de manera efectiva implica acompañar, escuchar, validar y respetar el ritmo y las necesidades de la otra persona.
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