Siendo un niño, toda persona está abierta a nuevas experiencias y se siente libre de expresar sus deseos sin temor a ser juzgada. También lo llaman inocencia infantil. Los adultos se guían más por la razón y la lógica, a veces olvidando sus verdaderos deseos reprimidos por las circunstancias externas y las opiniones de los demás. En este artículo analizaremos por qué sucede esto y cómo aprender a soñar de nuevo.
¿Qué hay en tu camino?
○ Falta de autorreflexión. Seamos honestos, la gente hoy en día simplemente no tiene suficiente tiempo para soñar y pensar en sus necesidades. O no se percibe como una tarea importante, y las personas no le dan espacio en su agenda. Si una persona no ha identificado sus objetivos y prioridades en la vida, es difícil para ellos formular claramente lo que realmente quieren.
○ Factores externos. Toda persona tiene que enfrentarse al poder de la opinión social, las expectativas y los estereotipos que suprimen la conciencia de sus deseos y necesidades.
○ Miedo e incertidumbre. El miedo a tomar una decisión equivocada o equivocarse conduce a la incertidumbre en tus deseos. La experiencia negativa de otra persona o la suya propia solo aumenta el miedo, al igual que la perspectiva de decepcionar a alguien en su círculo cercano.
○ Experiencia de la infancia. Las dificultades para reconocer los verdaderos deseos surgen si el niño no tiene espacio para expresar sus emociones y sentimientos, mientras que sus necesidades suelen ser ignoradas. Como regla general, los padres toman decisiones por sus hijos: qué ponerse, cuándo y qué comer, dónde ir, cuándo irse a la cama y cómo pasar el tiempo libre. La diferencia es si le dan a su hijo el derecho a elegir y si están dispuestos a tener en cuenta los deseos de su hijo.
○ Deseos reprimidos. El hábito de reprimir los deseos, de hacer una elección impuesta, lleva a que la persona no pueda escuchar su voz interior. No entienden sus propias necesidades, pierden el contacto consigo mismos y no saben lo que realmente quieren. Y si quieren algo en absoluto.
Todo esto crea un conflicto interno cuando una parte de la personalidad quiere expresar sus deseos y seguirlos, pero la otra teme las consecuencias negativas o el juicio. Esto conduce a la insatisfacción con la vida, trastornos depresivos y mucho más.
La práctica de llevar un diario: ¿Dónde estoy, qué está pasando conmigo?
Esta práctica te ayudará a aprender a escuchar tu voz interior y a reconocer tus necesidades. Recomendamos practicarlo durante 7 días, siguiendo las instrucciones a continuación.
Paso 1. Configura tu alarma para 5 señales al día (en cualquier momento).
Por ejemplo:

08:30
Cuando suene la alarma por primera vez, pregúntate:
— ¿De qué está preocupada mi mente?
— ¿En qué estoy pensando ahora?
— ¿Qué pensamientos tengo?
— ¿Están relacionados con mi pasado, presente o futuro?
Escribe tus pensamientos en una hoja de papel o haz una nota en tu teléfono.
12:00
Cuando suene la alarma por segunda vez, realiza un seguimiento de tu estado con estas preguntas:
— ¿Cómo estás?
— ¿Cómo te sientes?
— ¿Te sientes bien?
— ¿Estás cansada? ¿Enojada? ¿Estás feliz? ¿Estás triste?
— ¿Por qué estás experimentando estos sentimientos?
Escribe las respuestas con el mayor detalle posible.
16:30
La tercera señal:
— ¿Con quién estás ahora?
— ¿Amas a estas personas?
— ¿Las encuentras interesantes?
— ¿Estás sola? ¿Por qué?
Toma notas de nuevo.
19:00
La cuarta señal:
— ¿Dónde estás?
— ¿Qué te parece este lugar?
— ¿Quieres quedarte o irte?
— ¿Dónde quieres estar ahora?
Graba tus pensamientos.
21:30
La quinta señal:
— ¿Qué estás pensando ahora sobre ti?
Escribe una respuesta detallada.
Paso 2. Cambia la hora de las señales de alarma y el orden de las preguntas todos los días.
Paso 3. El sexto día, trata de responder todas las preguntas a la vez durante la señal de alarma y asegúrate de anotar tus respuestas.
Paso 4. El día 8, analiza tus notas y saca conclusiones basadas en los resultados. Usa la siguiente estructura para entenderte mejor analizando tus respuestas según su tema:
— Mis pensamientos principales la semana pasada.
— Mis sentimientos y estado de ánimo durante la última semana.
— Gente con la que paso el tiempo.
— Lugares que he visitado estos días.
— Lo que pensé sobre mí durante la semana.
Con base en esta práctica, trata de comprenderte y aceptarte tal como eres, sin evaluar ni juzgar. Cuantas más preguntas te hagas, más respuestas obtendrás. Esto debería ayudarte a sentirte más satisfecha con tu vida y darte una sensación de plenitud, además de mejorar tus relaciones con los demás.
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