
¿Qué significa ser una persona complaciente?
Ser una persona complaciente significa intentar facilitarles siempre las cosas a los demás, a menudo sin darte cuenta. Puede que estés tan acostumbrada a asumir este papel que no notes cuánto esfuerzo haces cada día para ganarte la aprobación y el cariño de otras personas.
¿Cómo puedes saber si encajas en esta descripción? Las señales de una personalidad complaciente no siempre son evidentes. Desde fuera, tu vida puede parecer perfecta: un trabajo exitoso, un esposo cariñoso y muchos amigos. Sin embargo, por dentro podrías estar lidiando con miedos e inseguridades que mantienes ocultos.
Test de autoevaluación: señales de una persona complaciente
Esta lista de comprobación puede ayudarte a identificar algunos patrones. Lee cada punto y marca mentalmente aquellos con los que te sientas identificada:
- Ayudas a los demás incluso cuando estás agotada.
- Tu vida está llena de «tengo que» y apenas deja espacio para el «quiero».
- Te preocupa mucho hacer algo mal.
- Reprimes tus emociones y evitas expresar el enfado o la tristeza.
- A menudo te sientes agotada y apática.
- Te culpas por los problemas que aparecen en tus relaciones.
- Tienes miedo de decir «no».
- No expresas lo que te gusta o te disgusta en el sexo y siempre acabas cediendo.
- Dejas de lado tus intereses para priorizar los de tu pareja.
- Temes que te abandonen si cometes un error.
- Te ocupas constantemente de resolver los problemas de los demás.
- Te criticas y te desvalorizas con frecuencia.
- Toleras situaciones que no te gustan para evitar conflictos.
- Evitas las discusiones para no herir los sentimientos de otras personas.
- Tienes miedo de hablar cuando te sientes herida.
¿Qué hacer si te identificas con estas señales?
Si te ves reflejada en varias de estas señales, respira profundamente. Puede ser difícil y doloroso admitirlo, pero reconocer este patrón es el primer paso hacia un cambio positivo.
Empieza con pequeños cambios
A continuación, comienza a introducir pequeños cambios. Al principio, elige situaciones que todavía se sientan dentro de tu zona de confort. Por ejemplo, puedes decirle a un amigo que no estás de acuerdo con su opinión o pedirle a tu esposo que haga menos ruido por la mañana para que puedas dormir un poco más.
La clave está en practicar cómo expresar tus necesidades y opiniones en situaciones cotidianas. No tienes que cambiarlo todo de una vez: puedes avanzar poco a poco.
Cómo afrontar la ansiedad y el miedo al rechazo
Sentirte ansiosa es normal cuando estás intentando hacer algo nuevo. Si aparecen pensamientos como «¿Y si mi amigo se ofende?» o «¿Y si mi esposo me deja?», pregúntate qué probabilidades reales hay de que eso suceda.
¿Tu amigo se ofenderá realmente porque no compartes su opinión? Recuerda que no eres responsable de sus sentimientos. Puedes expresarte con respeto y decir: «No quería herir tus sentimientos, pero tengo mi propia opinión sobre este tema».
¿Tu esposo te dejará realmente porque le pidas que haga menos ruido por la mañana? Probablemente no. El miedo puede hacer que las consecuencias parezcan mucho más graves, pero puedes detenerte y pensar en lo probable que es que ocurran.
Tienes derecho a expresar tus necesidades
Recuerda esta idea fundamental: ¡tienes derecho a expresar tus necesidades! También puedes comunicar tus opiniones, tus preferencias y aquello que te incomoda.
Cambiar tu forma de relacionarte y empezar a escuchar tus propios deseos puede dar miedo, pero puedes hacerlo. Con cada pequeño paso que des, expresar lo que necesitas se irá volviendo más fácil.
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